Arancha Rivilla

Arancha Rivilla

Departamento de I+D+i

La innovación suele ser percibida como un riesgo; pero es que efectivamente, innovar tiene un riesgo. El retorno de la inversión puede ser lento y nos encontramos con exigencias en términos de financiación por proyectos de cuyo resultado no podemos estar seguros. Y, además, no partimos de un ecosistema empresarial especialmente innovador o que se vea apoyado por una cultura de financiación de la innovación por parte de los mercados financieros.

Existen ayudas públicas y múltiples programas de apoyo a la innovación pero aún tenemos por delante un reto y mucho que mejorar en cuanto a innovación se refiere. Vamos a analizar las principales barreras y dificultades que nos encontramos a la hora de desarrollar un proyecto de innovación:

En primer lugar, los grandes esquemas de financiación de la IDi están pensados para proyectos largos en el tiempo y no es lo que demandan las empresas que necesitan trabajar con proyectos de TRL altos o muy altos si quieren llegar a tiempo al mercado con proyectos y/o productos realmente innovadores.

Las políticas de investigación, desarrollo tecnológico e innovación fomentan más la mejora de la capacidad de investigación de los centros públicos que el desarrollo tecnológico lo que genera, junto con las limitaciones que marca el ordenamiento administrativo, que no existan o sean poco eficientes los mecanismos de transferencia de tecnología entre universidades, OPIs y Centros Tecnológicos y las Empresas.

Y estas son solo algunas de las barreras que se encuentran las organizaciones que quieren innovar.

Hay que tener en cuenta también los problemas o capacidad interna para llevar a cabo la innovación, como la presencia de una cultura empresarial en torno a la misma, la existencia de desajustes entre la capacitación y las necesidades que manejan o la capacidad de comercialización de soluciones que les permita un rápido time to market una vez desarrollada la solución innovadora de la que estemos hablando.

Asistimos el día 19 de Noviembre a la conferencia impartida por Carlos Marquerie sobre “Ecosistemas de innovación” en el marco del proyecto #sisomosinnovación desarrollado por el Ayuntamiento de Gijón y la Universidad de Oviedo y coordinado por Talento y una de las conclusiones de este experto con más de 15 años trabajando en ecosistemas innovadores, con startups y rondas de financiación en distintos países (EEUU, China, Rusia e Israel entre otros), es que “para que la innovación funcione, debe conectarse a las startups y pequeñas empresas con la demanda y, por tanto, con empresas que puedan tener un rápido acceso al mercado”.

Jorge Barrero, de COTEC, argumentaba en la Universidad de Oviedo, en su conferencia sobre “Otros modelos de innovación” que debemos plantearnos otros modelos de hacer penetrar la innovación en el mercado. Salvo excepciones o casos verdaderamente disruptivos como pueden ser el caso de Spotify, Uber o similares, por lo general se necesita de la inteligencia del colectivo para poner en marcha verdaderos mecanismos de innovación.

Trabajar, según dice Marquerie, en la generación de un lenguaje común elaborando taxonomías que nos permitan identificar oportunidades de cooperación y hacerlo en términos de innovación abierta.

En el terreno empresarial se trabaja hace unos años con el concepto de innovación abierta acuñado por : las propias compañías comparten información interna con la comunidad en aras de fomentar un espacio de co-creación y beneficiarse de la inteligencia del colectivo.

La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), organización internacional compuesta por los 33 estados más avanzados y desarrollados del planeta, que tienen el objetivo de maximizar su crecimiento económico y co-ayudar en su desarrollo y el de los países no miembros, apoya abiertamente el concepto de innovación abierta.

Ninguna solución es única para un problema con tanta diversificación pero sí debemos contemplar que una apuesta por la cooperación, la colaboración y el uso de la sabiduría de las masas y la inteligencia del colectivo, con verdaderos mecanismos de agregación de información, puede ser un primer paso hacia la conexión: de ideas, con proyectos, con capacidad tecnológica, con demanda y, finalmente, con el mercado.

La primera pregunta que recibe Jorge Barrero en su conferencia es ¿y dónde quedan las patentes o la protección de la innovación en la innovación abierta? Cuestión está totalmente justificada pero que viene a demostrar, una vez más, que el que no se trabaje en términos de innovación abierta a día de hoy es una cuestión de percepción, de cultura y de madurez. Del tejido y de las personas.

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