Quien más y quien menos, alguna vez en su vida se ha comido un bocadillo de chopped y sabe lo que es. Lo puedes hacer con un buen pan y seguramente mejorará, incluso puedes ponerle algo de guarnición o añadirle una salsa para condimentarlo, pero por mucho que te empeñes te acabará dejando ese sabor final que, no nos engañemos, no se puede comparar con el de, por ejemplo, un buen bocadillo de jamón.

Poniéndonos en la piel de un cocinero, son múltiples las ocasiones en las que un cliente acude a nosotros y quiere que le hagamos el mejor bocadillo del mundo, o al menos uno que sirva para alimentar y dejar satisfechos a todos los clientes de su restaurante y que cada vez sean más los clientes que llegan a él para probar ese fabuloso bocadillo.

Hasta ahí todo perfecto, pero cuando vamos a hacer la compra para tener los mejores ingredientes posibles es cuando surgen los problemas, pues tenemos todo el presupuesto que necesitemos para comprar pan y condimentos, pero resulta que el ingrediente principal ya nos lo da él. Y sí, resulta que el ingrediente principal es el chopped. Chopped, sí, y no se trata de un chopped cualquiera del supermercado, sino que además es un chopped casero que hace su sobrino, que es un cocinillas y algo sabe de carnicería también.

Traduciendo esto a nuestro entorno podemos estar hablando, por ejemplo, de un proyecto de comercio electrónico en el que diseñaremos una interfaz usable y afable, desarrollaremos las funcionalidades óptimas para que el proyecto sea un éxito y en el que contamos con el presupuesto suficiente para una campaña de marketing durante el tiempo necesario para poner el proyecto en el mapa, pero por muy bien que lo hagamos, el resultado nunca será del todo satisfactorio ya que algo estará fallando. Y eso que falla es el ingrediente principal, que no es otra cosa que la imagen del proyecto, la identidad global de la marca, que puede estar muy bien disimulada por la interfaz sobre la que la montemos o incluso puede llegar a ser prácticamente inapreciable en una buena campaña de comunicación, pero estamos seguros de que si hubiéramos tenido la posibilidad de haber elegido el producto estrella del bocadillo, el resultado sería rotundamente mucho mejor.

Resulta curioso como, dentro de nuestra cultura, es el diseño algo tan superfluo para la mayoría, cuando en realidad resulta el factor diferencial para el éxito o el fracaso de la inmensa mayoría de los proyectos. Tan sencillo como darse cuenta de que si te dicen que te van a preparar el mejor bocadillo de chopped del mundo, tú pensarás que por muy bueno que esté, a ti que te pongan un bocadillo de jamón.

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