Iñaki Quesada

Iñaki Quesada

Productos & Sistemas

Pensaba en escribir estas líneas mientras veía un documental sobre Massimo Bottura. Este chef italiano es el propietario de la Osteria Francescana, el restaurante número uno del mundo del año 2016 según la prestigiosa lista San Pellegrino, desbancando a los famosos hermanos Roca y su restaurante El Celler de Can Roca.

No se llega a ser el número uno de algo sin originalidad, ingenio y cierta dosis de locura. Entre los platos de su menú figura, o figuraba, un postre bautizado “Oops I dropped the lemon tart”, algo así como “Ups, se me cayó la tarta de limón”.

La historia de este plato se remonta al día en que a su segundo de cocina de la Osteria Francescana, un chef japonés, se le cayó, literalmente, la última tartaleta de limón. Cuando este chef estaba pensando a hacerse el harakiri, Massimo, en lugar de quedarse bloqueado, lo distribuyó cuidadosamente sobre el plato y lo presentó a los comensales con el nombre que da título a esta entrada.

El postre gustó tanto que se convirtió en parte estable del menú y las tartas pasaron a presentarse siempre estrelladas contra el plato. Habrá quien opine que es sólo un trozo de tarta destrozado, pero lo importante es que fue capaz de convertir un problema en una oportunidad: sin ese accidente, no habría nacido ese plato. Un error, ingenio y valor convirtieron un accidente en un plato de éxito.

Pero no voy a hablar de cocina, sino de tecnología. En los hackathon, DevFest y cuentas de Twitter, ves y oyes hablar de tecnologías prometedoras, pero muchas veces demasiado modernas para aplicar en tu trabajo diario. Parece que estas tecnologías sólo están disponibles para las startups y no para las empresas con años de experiencia.

Los sistemas legacy se hacen cada vez más presentes, no se actualizan y la brecha tecnológica se hace más y más grande. Para cuando la actualización es obligatoria, el desfase tecnológico es tan grande que muchas veces ni podemos abordarlo y tenemos que rehacer el sistema.

Ese es el momento en el que pensamos que tal vez tendríamos que haber actualizado poco a poco, paso a paso. Pero, ¿cuándo es buen momento para actualizar? Es difícil decirlo, pero es necesario encontrarlo.

Para nosotros ese momento ha sido cuando hemos dicho algo tal que así: Oops, I dropped the dedicated server. ¿Qué hacemos con un servidor dedicado cuando todo el mundo habla de docker y kubernetes? ¿Por qué no actualizarnos? Tal vez éste sea el momento.

Evidentemente, no parece una buena idea adquirir una nueva arquitectura cuando todo está caído, en este momento toca ser ágiles y levantarlo. Pero hemos tomado nota y nos hemos puesto manos a la obra. Espero poder explicar en mi siguiente entrada nuestra exitosa migración a docker.

Si estabas buscando un documento técnico sobre docker, lo siento, aquí no lo vas a encontrar. Ni creo que haga falta, en internet los tienes a miles. Lo que pretendo transmitir es la necesidad de mantenerse actualizados.

No en nuestros sistemas operativos, que se actualizan solos, sino en todo nuestro entorno. Tecnologías, procesos, sistemas, todo se queda desfasado, y cuanto mayor es el desfase mayor es la dificultad de una actualización que será necesaria en algún momento. No te quedes atrás, lleva tus entornos al día. Las oportunidades, a menudo, se presentan disfrazadas de problemas. Ante la menor oportunidad, sé ingenioso y valiente, ¡actualízate!

*Foto vía In Situ, San Francisco Museum of Modern Art

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