Iñaki Quesada

Iñaki Quesada

Productos & Sistemas

Nos gusta la tecnología. Nos gustan las herramientas de software, cuanto más nuevas mejor, y si están en versión beta más aún (el peligro es sexy). Continuamente instalamos y probamos nuevas herramientas que piden más y más requisitos para realizar más y más tareas. Eso es excelente pero… ¿Estamos eligiendo con la cabeza o con el corazón?

Una fase muy importante del proceso de desarrollo de software es la elección de las herramientas con las que vamos a trabajar. ¿Qué base de datos necesitamos? ¿Y lenguaje de programación? ¿Vamos a usar este framework, u otro? Muchas veces no podremos tomar estas decisiones dado que las herramientas las fija el cliente, entorno, etc., pero otras veces, sí. Y claro, llevo dos meses trabajando con ese motor de búsqueda (aka martillo) que está de moda, hablan de él en todos los foros y por si fuera poco está en versión beta (sexy) y evoluciona y tiene comunidad de desarrolladores y mola y rock&roll y bla bla bla. Resumiendo, el motor de búsqueda es el martillo y esa nueva aplicación (o cualquier otra), el clavo. Ata cabos…

Pues no. Estamos olvidando una parte muy importante de este proceso y es la de estudiar si esa herramienta es la más adecuada, incluso si es necesaria. Si estamos hablando de un motor de búsqueda, habrá que estudiar los requisitos de la plataforma en la que lo queremos instalar, la comunicación con el lenguaje de programación elegido y, como no, la necesidad de un motor de búsqueda. Sí, va de cine, pero requiere la instalación de una versión de Java incompatible con el proyecto. O peor aún, queremos utilizarlo para buscar noticias, de las cuales se va a escribir una al mes. ¿Merece la pena un motor de búsqueda? Es más, ¿Merece la pena un buscador? No lo olvidemos, más herramientas implican más coste (no necesariamente en licencias) y más puntos de fallo. Si son necesarias, ¡adelante! Si no, piénsalo otra vez.

A veces la cosa se complica cuando las exigencias vienen de fuera. En determinados entornos nos encontramos con que, tras diez años siendo fieles a un martillo (ponga aquí la base de datos X o el sistema operativo Y) no vamos a cambiar ahora. Es una postura totalmente comprensible cuando es otro quien lo va a gestionar; tiene conocimientos en determinados entornos y no quiere líos. Pero si lo van a gestionar otros, ¿por qué no fiarse de su criterio?

Resumiendo, existen diferentes tipos de martillos. Y diferentes clavos. Incluso algunos clavos pueden clavarse con las manos. No hay martillos mejores y martillos peores (bueno, tal vez algunos) sino martillos más o menos apropiados para el clavo a clavar. El hecho de que nos hayamos enamorado de un lenguaje de programación no puede condicionarnos a la hora de desarrollar un proyecto. Investiga, prueba y analiza. Aprende. Llena tu maleta de herramientas y cuando haya que clavar un clavo, elige la más adecuada.

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